December 2011
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El fotógrafo no sabe lo que busca dentro de la cabeza coronada de luz de Matilda...
– “Nadie me verá llorar”, Cristina Rivera Garza.
Una vez me preguntaron si es posible enamorarse de alguien sin conocerle, le...
– Vincent Fournier (via cmonts)
Te has esforzado durante años en ser alguien, ¿y qué has llegado a ser? Un río...
– Witold Gombrowicz, Diario argentino. (via notenemoslacasatodavia)
El cuarto al final del pasillo: Instrucciones para... →
rubenochoa:
Una noche cualquiera. Una noche de estas. O una tarde. O una mañana. Lo que vos prefieras. Abrí tuiter sin olvidar dejar las puertas abiertas. Recorré con la mirada el TL. Dejá que un tuit te sorprenda. Cerrá los ojos para que el avatar se pierda. Cerrá la mente para que el tuitero se desvanezca….
Lunes. Lunas. Lunares. Empieza el inventario de lo...
Hay días benditos en que todos los signos concuerdan y en que el juego del azar...
– Las ciudades carnales, Zoé Olderbourg. (via burgoski)
Y ves que los renglones se estrechan, las letras se amontonan y comprendes el hueco imposible, el espacio que nunca compartimos y este bello recurso de contarte la vida poblando de historia y de sueños las hojas tibias del dolor que tanto me recuerdan tus muslos o tu espalda.
Javier Egea
Te miro y voy sintiendo un sobresalto
en la sangre. Te estoy
hablando sin...
– Justo Jorge Padrón (via soymuchasmujeres)
Tengo una buena colección de días pequeños, de hechos cotidianos: el tramo de la Avenida de los Insurgentes que recorro a menudo, café, cigarros.
Tengo libros para leer y libros para no leer.
Tengo un día, como hoy, que es muchos otros días.
Tengo, en fin, pequeñas conversaciones, pequeños mundos que intento —con escaso éxito— llevar a la página.
Pavel Andrade.
Diálogos con el mar
Necesitaba verte. Decirte hola. Decirte adiós. Decirte que a ti siempre volveré. Necesitaba verte.
Estar solo es en definitiva estar solo dentro de cierto plano en el que otras...
– Julio Cortázar (via marsoleu)
viajerainfinita:
Y tú no puedes ni siquiera recordar en dónde estuvo la herida, los rostros que una vez amaste, la mujer que te salvó la vida.