En cualquier caso, siempre estás ahí:
trémula respiración al otro lado del mi línea,
curva de agua que se levanta
en dirección a mi banqueta de zahorí, deslumbradora y
agradecida, tocona y lamedora.
Yo no te llamé.
Yo no te llamé, en modo alguno.
No obstante, no obstante,
navegaste hacia mí por el mar,
gruesa y roja, placenta
que paraliza el pataleo de los enamorados”.
— Fragmento de “Medusa”, Sylvia Plath, Ariel.